Simitrio Quezada escribe

Abril 22, 2008

Tres días entre burócratas (versión definitiva)

Archivado en: México, Zacatecas, crítica, life, poder, testimonio — Simitrio Quezada @ 11:42 am
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Ese viernes, una funcionaria nos regañó porque, aunque habíamos llevado al bebé, nos faltaban los papeles del hospital, y mi esposa había olvidado su credencial de elector. Pasó el fin de semana y, después de obtener permiso en el trabajo, llegamos a las 12:19 por falta de estacionamiento en el centro de Fresnillo. La burócrata malhumorada nos dijo que nigüas: “Recibimos documentación de 8 a 12″.

El martes despertamos a las 6:30. Puse ropa limpia a mi bebé, dejé en la Universidad a mi esposa. A las 7:32 la carcacha rugió en su salida al Registro Civil. Yo afirmaba mi mano sobre el portabebé.

Una señora se paraba frente a la puerta a las 7:44. Platicamos sobre la cerrazón de los burócratas y las cuatro inútiles vueltas que ella tuvo que aventarse el día anterior. Siempre faltaba algo, se les había olvidado decirle aquello, las burócratas no querían que las presionaran… La primera llegó a las 8:02. Abrió, entró y cerró. La segunda, 8:06.

A las 8:08 nos dejaron entrar. Éramos seis personas y cuatro bebés. Nos formamos y ellas serias. “¿No van a atendernos?” dijo un joven padre de familia. “Falta que llegue la de Caja. ¿Sí?” La de Caja llegó 8:16. Dos minutos después revisaron mis documentos. “Espéreme a que llegue la de los Recibos, porque ella trae la llave del cajoncito”.

La de Recibos entró, sin saludar y lenta, a las 8:23. Nos miró con cara de gárgola, pero cambió expresión al abrazar a sus colegas. Platicaron de unos zapatos Andrea muy monos, de quiero una blusa como la de Britney Spears y luego te digo qué más, entre reojos a nos.

La de los Recibos sacó un llavero y quedó viéndolo como niña a su rosario de primera comunión. Del archivero sacó cuatro o cinco recibos rosas para extenderlos a la malhumorada quien me atendía. “Pague en el otro edificio. Luego viene para lo que sigue”.

“Para lo que sigue”… caray. Imaginen que existieran trámites en los rastros: “Vaca ocho, vaya al corral de enfrente para pagar su verificación de que es apta a ser degollada”.

No tenía con quién dejar al bebé: así que con bambineto y todo sorteé el minúsculo espacio entre las camionetas y coches estacionados frente a ese edificio. Casi golpeo la cabeza de mi bebé con un espejo lateral de una Ford.

Entregué recibo, “ahorita le hablamos, consiga testigos”. Corregí sus errores de captura, la computadora no guardó datos, volví a dictar, iban a ser las nueve, tendría retardo y descuento de jornada laboral.

A las 9:09 salí con mi bebé y mucho coraje. “Pondré quejas, llamaré a la radio, atacaré a la Sutsemop, condicionaré mi próximo voto para que el gobierno mejore la burocracia”.

Mi yo más prudente se inclinó sobre mi oreja izquierda: “Date de santos que pudiste registrar a tu bebé durante tres jornadas, y no en seis o siete días hábiles”.

2 comentarios »

  1. Y tu yo más realista se inclinó sobre tu oreja derecha: Y date de santos que no fuiste a levantar una denuncia penal a cualquier ministerio público

    comentario por Jesús Olague — Abril 22, 2008 @ 4:52 pm | Responder

  2. Ja, ja, ja, excelente punto, Jesús.

    comentario por Simitrio Quezada — Abril 22, 2008 @ 5:39 pm | Responder


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