La anterior plaza de Jalpa, cuyo final llegó en 1995, se caracterizaba por una arteria central dividida por el kiosco. Era “el camino prohibido” en la noche, donde las parejitas podían permitirse escarceos y besos prolongados.
Todos los del pueblo sabíamos lo que sucedía entre la oscuridad formada por el follaje de los árboles centenarios y la tolerancia de los mayores. Como niños, sólo nos atrevíamos a penetrar el atajo licencioso con tal de llegar al estanco blanco de don José, quien expendía historietas.
Los años setenta y ochenta tuvieron un florecimiento de las historietas o comics en nuestros municipios zacatecanos. Inolvidable –y qué lástima, sinceramente, que estas nuevas generaciones no llegaran a conocerlo- ese localito de las Martínez (doña Chuy y su hermana) sobre la calle 20 de noviembre, en Jalpa Zacatecas.
Cualquiera podía acercarse a los tres tendederos y elegir Kalimán, Archie, La Pantera Rosa, La familia Burrón, El conejo de la suerte, Condorito, Chanoc, La pequeña Lulú, entre otros. Historietas usadas, al alcance de todos por el antiquísimo recurso del alquiler.
Y lo más hermoso: sentarse sobre el viejo banco de madera, al lado de otros cuatro o cinco niños, y comenzar a disfrutar. Adendos fantásticos: no existían las fotocopias ni los operativos anti-piratería de la PGR.

