Simitrio Quezada escribe

Mayo 8, 2008

Espera y desesperanza en una sala de urgencias del IMSS

 

La espera en la sala de urgencias del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en la capital del estado de Zacatecas delata síntomas de un sistema asistencial en decadencia.

Al menos en la del hospital en Zacatecas, los espacios físicos son insuficientes e incómodos, al igual que la atención.

No existe una iluminación adecuada, los pasillos que conforman la sala de espera son angostos, y la única puerta que sirve como entrada y salida es estrecha.

A través de ella salieron con mucho esfuerzo tres personas, un hombre y una mujer quienes llevaban cargando a una joven con el pie izquierdo enyesado.

Minutos después entró una señora de unos 35 años quien traía en brazos a una niña de 12 años. Nadie salió a recibirlas. Al igual que todos quienes acuden al área de urgencias, expusieron su necesidad de atención ante una recepcionista quien nunca las miró de frente.

Ocho o nueve minutos después se abrió para ellas una puerta cercana al módulo de recepción. El rostro de la señora se iluminó al entrar, todavía con la niña en brazos. Los demás enfermos que esperan las observaron.

A pesar de la oportuna intervención en este caso, que esos enfermos permanezcan ahí delata una irregularidad, ya sea por falta de médicos o por una creciente demanda de servicios médicos.

Algunas esperas son tan largas que los niños corren y juegan con el único teléfono público disponible.

Para usar este aparato no sirven las monedas. Uno debe salir, cruzar la calle y comprar una tarjeta de mínimo 30 pesos.

Casi frente a este teléfono, los baños mantienen las puertas abiertas y dejan ver los espejos rayados y suciedad en las paredes y retretes. Además no hay papel higiénico.

La recepcionista sigue sin despegar sus ojos de la computadora, ni siquiera cuando “atiende” a otros urgidos de servicios médicos.

Tampoco hay en esta sala quien informe a los familiares expectantes sobre la situación de sus pacientes.

Una joven mamá con camiseta del Atlante voltea de manera insistente a una puerta, y cada vez que lo hace aprieta con el puño izquierdo un par de pequeñas muletas, como esperando conocer cómo está la salud del dueño de ellas.

Quejosos, heridos, enfermos, ansiosos, aburridos, llorosos, rezanderos, lectores, arrulladores de bebés, jugadores de solitario en el teléfono celular, todos esperan dejados a su suerte.

Este hospital de Zacatecas capital muestra que, por lo general, una sala de urgencias del IMSS sirve como escenario para colocar sobre ella a la espera o la franca desesperación frente a insensibilidad y carencias cotidianas.

2 comentarios »

  1. Un cuadro, una realidad, o un mundo, como gusteis llamarle, distinto hay de un lado y otro de la esa puerta a la que con “espera y desesperanza” miran los urgidos.
    Al otro lado:
    El internista que está en piso porque el traumatólogo le solicito una interconsulta de una paciente, la señora Rosa, que tiene tuberculosis pulmonar y hay que reconstruirle la columna vertebral lo más pronto posible, pues la enfermedad se la ha destrozado. Mientras tanto la interna en la sala de urgencias trata de convencer a un abuelito, don José isabel, que es necesario que se quede internado por algunos días para estabilizar la congestión pulmonar a concecuencia de 50 año de fumar.
    Los jóvenes practicantes, que hacemos lo que podemos por facilitar y ayudar las labores y si se puede, aprender un poco: “lleva estas muestras, hazle una “gaso”, tomale el “electro”, chequen signos vitales, hagan semiología del dolor, etc, etc.”
    El señor de la 4, don Ruben, todavía no tiene placas pq el servicio de RX está saturado, quien sabe hasta que hora estarán las placas para poder terminar su valoración.
    Y en la consulta externa, claro!! no falta la chica con déficit de atención que se inventa algún padecimiento a ver si así su padres voltean a verla.
    En el pasillo, los familiares de la señora que viene de Villanueva esperan información del médico, preocupados de su señora madre, pero que creen? el Dr. todavía tiene que esperar una nota de ingreso, dictar el manejo al interno más veloz en la máquina de escribir, oyimpia,sí de eas grandotas, para que eso salga rápido.
    La carencia si existe, incluso en esta hermosa capital, pero la insensibilidad es muy delicado juzgarla, medirla, si quiera imaginarla porque no siempre se sabe, y aunque se sepa, no siempre se vive lo que pasa al otro lado de esa puerta.

    comentario por Emmanuel — Mayo 12, 2008 @ 7:17 pm | Responder

  2. Mi padre trabajó durante muchos años en la clínica 1 del IMSS de Zacatecas, fue médico familiar, especialista y subdirector médico, por lo que mi infancia transcurrió en gran medida ahí, las tardes era común vernos corriendo por los pasillos mientras mi madre daba clases en el voluntariado y esperábamos el fin de turno de mi padre para irnos con él a casa.

    Reconozco la gran labor que hace el IMSS, conozco a mucha gente que trabaja en el IMSS, parientes y amigos, muy buenos amigos, gente que trabajó con mi padre, alumnos suyos de la Universidad, ex-compañeros míos, es por ello que quiero entender ambos puntos de vista.

    El problema no es privativo del IMSS, prácticamente todas las instancias del Gobierno, federales, estatales y municipales sufren de las misma enfermedades: Indiferencia, Burocracia, Insensibilidad.

    Las cosas no eran antes como ahora, había menos pacientes, por lo tanto, proporcionalmente, tocaban menos pacientes por médico, por enfermera y por asistente de consultorio, había menos saturación de camas, de espacios, pero la actitud también era diferente, había más disposición por parte del personal, como la gente se conocía más la atención era más personalizada.

    Personalmente me molesta ver que, como apunta Simitrio, muchas veces ni te voltean a ver y te tienen esperando, y luego, cuando ya leen en la tarjeta de citas, en la credencial o el expediente, que te llamas igual o parecido a alguien o cuando algún conocido te saluda, entonces sí te atienden muy sonrientes y hasta te platican como si te conocieran de toda la vida, pero a la gente que no tiene un apellido conocido, que no conoce a alguien ahí o viene de alguna comunidad ni la pelan.

    Por último, sólo una pregunta, ingenua si quieren, ¿por qué no tratar a todos bien, al parejo?

    comentario por Jesús Olague — Mayo 13, 2008 @ 4:02 pm | Responder


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