Espera y desesperanza en una sala de urgencias del IMSS
La espera en la sala de urgencias del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en la capital del estado de Zacatecas delata síntomas de un sistema asistencial en decadencia.
Al menos en la del hospital en Zacatecas, los espacios físicos son insuficientes e incómodos, al igual que la atención.
No existe una iluminación adecuada, los pasillos que conforman la sala de espera son angostos, y la única puerta que sirve como entrada y salida es estrecha.
A través de ella salieron con mucho esfuerzo tres personas, un hombre y una mujer quienes llevaban cargando a una joven con el pie izquierdo enyesado.
Minutos después entró una señora de unos 35 años quien traía en brazos a una niña de 12 años. Nadie salió a recibirlas. Al igual que todos quienes acuden al área de urgencias, expusieron su necesidad de atención ante una recepcionista quien nunca las miró de frente.
Ocho o nueve minutos después se abrió para ellas una puerta cercana al módulo de recepción. El rostro de la señora se iluminó al entrar, todavía con la niña en brazos. Los demás enfermos que esperan las observaron.
A pesar de la oportuna intervención en este caso, que esos enfermos permanezcan ahí delata una irregularidad, ya sea por falta de médicos o por una creciente demanda de servicios médicos.
Algunas esperas son tan largas que los niños corren y juegan con el único teléfono público disponible.
Para usar este aparato no sirven las monedas. Uno debe salir, cruzar la calle y comprar una tarjeta de mínimo 30 pesos.
Casi frente a este teléfono, los baños mantienen las puertas abiertas y dejan ver los espejos rayados y suciedad en las paredes y retretes. Además no hay papel higiénico.
La recepcionista sigue sin despegar sus ojos de la computadora, ni siquiera cuando “atiende” a otros urgidos de servicios médicos.
Tampoco hay en esta sala quien informe a los familiares expectantes sobre la situación de sus pacientes.
Una joven mamá con camiseta del Atlante voltea de manera insistente a una puerta, y cada vez que lo hace aprieta con el puño izquierdo un par de pequeñas muletas, como esperando conocer cómo está la salud del dueño de ellas.
Quejosos, heridos, enfermos, ansiosos, aburridos, llorosos, rezanderos, lectores, arrulladores de bebés, jugadores de solitario en el teléfono celular, todos esperan dejados a su suerte.
Este hospital de Zacatecas capital muestra que, por lo general, una sala de urgencias del IMSS sirve como escenario para colocar sobre ella a la espera o la franca desesperación frente a insensibilidad y carencias cotidianas.

