El Luminarias era un bar al que nada faltaba. Esas noches de sábado llegaban empujando al sol para que se hundiera entre los cerros de la Sierra Fría. El Tsuru nácar levantaba polvo del rancho llamado “Nuevo”, y se incorporaba a la carretera federal 45.
El Luminarias era un bar expectante. Uno pisaba los escalones con fuerza, las lucecitas azules flotaban en la oscuridad ruidosa. Se pedía cerveza y libro, la canción 122, y la pantalla azul mostraba “Cantaré 0122 José José Amor amor”.
3,2,1… Los violines eran murmullo que subía y bajaba, el micrófono quería temblar, comenzaba el espectáculo autoprovocado; el lanzar la letra adonde quedaba la estela de polvo.


ta bueno pozzzzzzz eso
jajaj
comentario por javiera — Junio 4, 2008 @ 6:43 pm |