La gira es tan intempestiva como su anuncio. “Pero ¿sí es seguro que venga, licenciado?”, “Pos seguimos esperando que nos confirme la Secretaría Particular”.
“Habla con el de la florería, aquí le pagamos después, deben ser amarillas, rosas amarillas, que las mande traer de donde haya” (Pues ¿de dónde más? Piensa uno).
“Dile a don Chendo que contamos con dos camiones suyos, que desquite la concesión que se le dio”.
“Sé que no hay pa’l mariachi, pero tú convéncelos. Que al cabo algún recurso vamos a bajarle a gobierno del estado”.
“¿Cuánta gente va a estar en la comunidad? ¡Ya sé que allí nomás viven 17, pero lleva de otros ranchos!”.
“Dile a la maestra de literatura que prepare a este muchacho que habló el día de las madres. Que no se le olvide resaltar el esfuerzo del ayuntamiento… Y que, si quiere, le pegue al neoliberalismo para que quedemos bien”.
Al día siguiente, desde la mañana, viene la revisión del templete y la lista de quienes estarán en el presidium. Llega la avanzada y comienzan a tachar nombres, a bajar al contralor municipal para subir a un diputado que viene en la comitiva, a desbancar al secretario del ayuntamiento para que suba Juan de las Cuerdas, quien viene acompañando al alto nivel.
Dos horas después de la prevista, entre alumnos asoleados, con sed, con hambre… entre agricultores siempre esperanzados, siempre ninguneados, aparece quien gobierna, junto con las notas musicales de la marcha.
Discursos, discursos, discursos. Todo es complacencia, maravilla, paraíso, progreso y bienestar social. Ah, y también amor. Por montones.
Sobre el templete, el ritual es callado, protocolario. Los “luchadores sociales” de siempre reacomodan el tablero político para ver quién se queda con el mejor filete. ¿Y el pueblo? Que siga atragantándose con pinole.
¿Y el pueblo?, insiste uno que está abajo… A votar, que pa eso lo hicieron.
Quien gobierna habla sobre su sensibilidad y qué tan consciente está de los problemas:
“Yo quiero decirles que lo que yo pienso es que yo quiero que sepan que ¿para qué vine yo aquí? Yo quiero decirles que yo vine aquí para yo decirles que me interesa bla, y bla, y más bla”.
Quien gobierna, en el sexenio que sea, es salud de los enfermos, consuelo de los afligidos, auxilio de los cristianos, reina de los ángeles, reina del gabinete, reina del estado.
El mandatario está no para obedecer al pueblo sino para ser el consentido, a quien todo honor y gloria se deben por los años del trienio o el sexenio, amén.
Ojo: más tarde que temprano se acaban los años de poder, funcionarios. Polvo eres, del arrastrado, y al polvo regresarás. Con buena liquidacionsota, pero regresarás.
En los eventos forzosos, de por lo menos una vez al mes, el gobernante debe echarse su regaderazo de saliva de viejitas con quienes tomarse la foto, y sudor de señores que ya están cansados de que los traigan de arriba para abajo sin que les arreglen sus problemas.
Con o sin necesidad, éste es el evento adonde -como decía San Piporro- “hayquir”.
Es el circo, donde un majestuoso león se traga a los cristianos que hacen bola.
Qué bonito habla, tú. No por nada nos gobierna, tú, sabe qué dijo pero lo dijo bien bonito, edá.
El encantador de tarugos ha hablado. Aplausos.
Las peticiones… dénselas a algún segundón de los que vienen atrás. No molesten a su majestad desfilante.
Como a Don Baldomero, usted primero puede pasar. A ver todos, una porra para la divina garza envuelta en huevo.
En el cuento “El día del derrumbe”, Juan Rulfo reproduce un diálogo estupendo.
”-Oye, Melitón, ¿cómo cuánto dinero nos costó darles de comer a los acompañantes del gobernador?
”-Algo así como cuatro mil pesos.
”-Y eso que nomás estuvieron un día y en cuanto se les hizo de noche se fueron, si no, quién sabe hasta qué alturas hubiéramos salido desfalcados, aunque eso sí, estuvimos muy contentos.
Por eso, a la larga, lastiman las palabras de la gira, las de quienes pasean teniendo poder y no se esfuerzan realmente por los pobladores.

