
Bajaré por la calle Concordia. De veras, no se ofendan: los espero en la plaza, junto a los boleros. Ya saben que si paso me duele más… No me hagan repetir esa historia: lo importante es que ella siga bien… No soy pendejo; es lo mejor… ¿De veras me acompañarían por la Concordia? Gracias: ustedes sí son amigos.
Intenté cuidarla, quererla siempre, darle lo mejor que había en mí. La quise hasta el último segundo, cuando la vi de espaldas y quise llorar y me aguanté… y luego corrí y pasé por los telégrafos y encontrando afuera a don Federico le pregunté, pero no la había visto pasar… No la busqué más porque debía poner en alto mi determinación. Además ella dijo que es por su felicidad: entonces para qué seguir rogándole.
Desde aquel martes estuvo rogándome: llegaste a verlo cuando me acompañaba. No es galán, pero Arnulfo y yo habíamos cortado y quise mostrar que no me importaba… Lo sé, Elia, pero no pensaba así entonces… Ya: no te cuento esto para que me regañes.
Sucedió después del recreo. Antes de entrar a clase con la maestra Julieta, Gilberto me dijo que Gallos estaba armándose de valor para pedir acompañarme… No, lo que pasa es que los muy morbosos me apostaron el almuerzo de tres días con tal de verme salir con Gallos… con Onésimo, perdón. Era un reto de Gil y los otros, y no quise verme dominada por ellos. Cuando llegó y le dije que sí, toda la prepa quedó con su espectáculo: Onésimo iba a mi lado y todos aguantaban la risa.
Todos quedaron serios, asombrados. Seguro hasta me respetaban por lograr lo que otros no habían podido… ¿Cómo que por qué? Por mi determinación… La tarde anterior había ido a la biblioteca para hacer una tarea al profe Montes. Como acabé rápido, empecé a hojear los libros de un estante que estaba en un rincón. En un libro verde encontré un capítulo que se llamaba “Determinación. Consiga lo que se propone”, y me lo aventé de un tirón. Quise sacar copias y caminé hasta la tienda de regalos. Sí: es que la presidencia nunca quiso comprar una fotocopiadora para la biblio… Pegué las copias arriba de mi cama y estuve leyéndolas hasta recién nacido el martes, y eso porque mi papá fue a regañarme por la luz encendida.
Al día siguiente pregunté a Gil si creía en la determinación. ¿Qué fumaste, pinche Gallos? Y yo: En serio, la determinación; quiero esto, me lo propongo y lo consigo. Calma, Supermán. Y yo: En serio. ¿Crees que si pienso que una compañera responderá que sí, de veras responde que sí? Gil preguntó quién era. Suelte la sopa, mi Gallos. Y le conté que estaba concentrándome en mi determinación para que Alejandra Reyes me dejara acompañarla. Entonces Gil pareció reaccionar y dijo que sí, que realmente no sabía mucho, pero ya había escuchado de eso. Ya me acordé: sólo tienes que mirarla y, mientras camines adonde está, repite en la mente: Va a responderme que sí, a responderme que sí, responderme que sí, que sí, sí… Lo hice a la hora de la salida y resultó. Entonces los apantallé, toda la prepa quedó de a seis: hasta la maestra Megui miraba por la ventana. A mi lado encontré una Alejandra más bella que nunca, con la mirada baja, como presintiendo algo grande que vendría por darme esa oportunidad.
Bajé la mirada porque me daba vergüenza, Elia: quería (más…)