Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Tí sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial. Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso…
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo -de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara (más…)
Salía de la pachanga en la segunda jornada del Encuentro Estatal de Poetas, del cuarto de hotel atiborrado por aficionados y cervezas, de un festín color libre agasaje, versos eróticos en penumbra, desmadre freelance.
Eran las ¿qué? cinco y media de la mañana, pero la oscuridad seguía dominando. Había dejado la Schwinn roja encadenada al señalamiento de alto, afuera del céntrico hotel cuatro estrellas. Decidí, nomás porque podía hacerlo, aventarme a pie las 18 cuadras hasta la colonia Hidalgo, hasta la calle Chapala.
Yo tenía 26 años y podía darme el lujo de navegar libremente entre la negrura y la soledad de las calles de Juaritos. ¿Cuál miedo? Se trataba de vivir.
Discurso del gobernador en “El día del derrumbe”, cuento de Juan Rulfo.
“Conciudadanos. Rememorando mi trayectoria, vivificando el único proceder de mis promesas. Ante esta tierra que visité como anónimo compañero de un candidato a la Presidencia, cooperador omnímodo de un hombre representativo, cuya honradez no ha estado nunca desligada (más…)
Jorge Volpi es parte de un movimiento literario mexicano que busca el retorno a las raíces que crearon los escritores de los años 60, los autores del boom latinoamericano, sin caer en el saco de imitadores del realismo mágico. Este nieto del boom es un defensor de una novela ambiciosa, de estructura compleja, pero llena de gestos de complicidad hacia el lector.
Volpi dedica varios años a investigar antes de decidirse a escribir, por ello su más reciente libro, El fin de la locura, es una novela erudita, pero también minada con generosas dosis de un humor negro que a veces se torna dulce y hasta nostálgico.
Aquí se narra la vida de un psicoanalista mexicano que, luego de enfrentar accidentalmente a la policía de París, en Mayo del 68, se convierte en terapeuta, amigo y también antagonista de figuras históricas como Jacques Lacán, Louis Althusser, Fidel Castro, Salvador Allende y Carlos Salinas de Gortari. Volpi, consagrado internacionalmente con su novela En busca de Kingsor, ahora cuenta una historia exquisita de la historia de la izquierda en América Latina.
La novela es muy vasta ¿Cómo se le ocurrió empezarla y por qué escogió este tema?
Empecé escribiendo En busca de Klingsor interesado en explorar la relación entre la ciencia y la política durante la primera mitad del siglo XX, cuando iba ya avanzado en su escritura descubrí que lo que quería era escribir una trilogía del siglo XX.
En busca de Klingsor, que terminó convirtiéndose en (más…)
Anacrónicamente, absurdamente, mi tristeza es mía y sola está. Diré con una épica sordina: María Angélica me atrapó con red de cabello anochecido. La conocí un domingo, hablamos de pasear, Leo Dan, Palito Ortega, Leonardo Favio, Daniel Magal y Piero. Así comienza nuestro amor, en primavera, cuando las rosas del rosal son como Jerez Zacatecas y allá andaba yo porque tal pueblo fue propuesto para una emisión de México Magia y Encuentro.
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¿Era yo el orgullo de las letras mexiquenses, prospecto para el Premio Nacional, el próximo Nóbel de hace veintitrés años? Entonces, diría Gaspar Henaine, ah pa’ Nobelcito, mano. Viruta nada contestaría y yo, página sin vuelta ni nexos, sigo soportando gallos que a las seis cincuenta y cinco lanzan sus destemples hacia el cercano Cuencamé.
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Los pobres no imaginaban que puedo cambiar este rancho por una editorial y sin que reclame Josefa, porque la obligué a ser mi esclava. Tampoco imaginaban que hace veinticuatro años tuve prometido el Nóbel que finalmente consiguieron para Paz. El señor Velasco llegó a enorgullecerse cabrón de(más…)
La noche en que al fin Delia me confesó andar con el tal Mauro (“no te enceles: sólo es un amigo”, insistía cinco meses antes), eché mi ropa a la única maleta que teníamos en el departamento y me largué por las calles recién mojadas. La gabardina que me regaló en mi cumpleaños no era bastante gruesa para cuidarme del frío: hasta en eso había quedado a medias. Haciendo a un lado los pensamientos que ya no tenían caso, me encaminé al parque Darío buscando los taxis que ahí se apostaban.
Bajaba por la calle Roma cuando divisé uno, con el 297 en el frente. Tomaría el autobús de las once a San Andrés: en casa de mis padres conservaban intacta mi recámara. Hacía la seña al taxista cuando una güerilla de chamarra beige apareció trotando por la otra calle, con una mano extendida hacia la puerta del vehículo. Iba a reclamarle, pues incluso el chofer ya me había encendido y apagado sus luces, cuando la muchacha gritó “mamá, dile a Ulises que se apure”. A la derecha, al lado de un niño jadeante, reencontré el nervioso caminar que diecinueve años atrás me cautivara.
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Lourdes fue novia de Javier, quien yo creía mi mejor amigo en la secundaria. Los tres estuvimos en el mismo salón y desde segundo noté que existía gusto entre ellos, a pesar de que ya le había confiado a él que Lourdes era mi amor platónico. En un principio no me preocupé porque Javier andaba con Ileana, la bastonera sensación de(más…)
The Legend of Zelda fue principalmente inspirada por las exploraciones que su creador, Shigeru Miyamoto, sobre Kyoto, donde se adentraba en bosques con lagos secretos, cuevas y aldeas. Según Miyamoto, una de sus experiencias más memorables fue (más…)