A esto llamo interpretar una canción
Dos cantantes buenas nos ha dado Tijuana, Baja California: ésta se llama Guadalupe Contreras; la otra, Julieta.
El de la primera, reflejada en el video, era un rostro pícaro y rebelde, tierno, bello, expresivo.
Se enfrenta a la cámara, roza el riesgo de parecer ridícula. Alcanza a salir triunfante.
Pueden perdonársele esos fugaces gestos tipo Jorge Negrete o Pedro Infante.
La mejor interpretación a esta pieza compuesta por el michoacano Alberto Aguilera es ésta. Ni siquiera la superó doña Rocío Dúrcal.
Cuando la canta el autor, parece reclamo de homosexual a homosexual que se va con homosexual. Es decir, una versión muy bien definida.
Con la joven Guadalupita cambia la canción. Se vuelve el reflejo de lo que muchos, alguna vez, hemos vivido.
“Que te vas a ir con él… Está bien: yo no me opongo”.
Ese viejito apacible llamado Tiempo sólo puede sonreír.
Y con la sonrisa de esta joven autonombrada D’alessio, seguramente.
Con una producción radiofónica de siete minutos repleta de efectos especiales y música, el diputado Arnoldo Rodríguez Reyes presentó la iniciativa de poner en letras doradas sobre la pared del recinto el nombre del paisano “Pascual Antonio Aguilar Barraza”.
No comprendo por qué las cenas tienen mala prensa. Debemos comer cinco veces diarias y cenar es una parte importante de ellas.
En la prueba «PISA» diseñada por la OCDE para evaluar, en treinta países miembros, la capacidad que tienen estudiantes de 15 años de edad para pensar científicamente, México logró un merecidísimo último lugar.
Si yo fuera rockero, mi grupo se llamaría “La apendicitis de Jack”.
En China, Mao Zedong o Tse Tung emprendió una revolución cultural profunda, comprometiendo a la población para que participara y no permitiera más paso a la ignorancia. Nunca se quejó de la falta de presupuesto o la situación económica mundial.
